sábado 9 de febrero de 2008

Me he convertido en Amélie...

Llevamos ya dos días sin Internet. Ahora estoy escribiendo este post en un documento Word con la esperanza de poder colgarlo en cuanto se dignen en arreglarnos la conexión. Además, cuando estoy inspirada para escribir (cosa que no me suele pasar muy a menudo) tengo que aprovecharlo, haya Internet o no.

Estoy hecha un cascajo. Desde que me vine a París no hay un solo mes que no haya caído enferma con catarro, cuando normalmente me solía dar una vez cada invierno. Imagino que hay muchos factores que influyen y a los que no estaba acostumbrada: el clima, la contaminación, el metro (donde respiro el mismo aire que cientos de personas en un espacio cerrado, por no hablar de las horrorosas corrientes que hay en las bocas de metro), las clases (ya se sabe que trabajando con chiquillos estás más expuesta a los gérmenes), la alimentación (ya se sabe que cuando no está mamá para hacerte la comidita, descuidas lo que comes), etc.
Comencé a sentirme mal ayer por la noche, cuando fui al cine con Camila y su amiga Karine la alemana, con la se lleva tan bien que cuando ella está presente apenas me hace caso (se nota que estoy un poco celosa, ¿verdad?) Fuimos a ver la última película del director bosnio Emir Kusturica. ¿La película? Divertida, sí, debo reconocer que te ríes con las tonterías que salen, pero para ser sincera es uno de los films más raros que he visto en mi vida. Había escenas absurdas, como las del hombre bala que, tras ser disparado del cañón, se pasa toda la película sobrevolando el paisaje como un pajarraco, causando el asombro de los personajes. Sinceramente tal vez no esté preparada para disfrutar del cine “de autor” o como se llame y aunque los gafapastas intelectuales que puedan estar leyendo esto se llevan las manos a la cabeza, debo decir que habría preferido pagar esos 8,50€ para ver alguna chorrada comercial made in Hollywood. Incluso Camila, ella que es tan del rollo artístico y anticomercial, se quedó frita...

Hoy las chicas se han ido a Fontainebleau y yo me he quedado porque quería ir a Expolangues y era el último día. Hubiera hecho mejor yéndome con ellas. Primero, la chica con la que iba a ir a la exposición me dejó tirada y tuve que irme sola. La exposición tampoco valió gran cosa al final. Se veía que estaba mucho más destinado a que las empresas que exponían vendieran sus productos que a la información del público en general. Había muchos stands de editoriales y empresas, y eché en falta stands dedicados a la traducción, que es mi (futura) profesión. Las animaciones y conferencias, un truño (casi todo dedicado a la lengua china) y por si fuera poco sólo logré colocar mi currículum en uno de los stands. Así que el poco rato me fui de ahí, cansada y decepcionada. Como no tenía nada que hacer y Rocky también me había dejado tirada (cuando tiene visita en París ni se le ve el pelo...), me fui hasta Montmartre a dar un paseo y después paré en el Canal Saint Martin para conocerlo y hacer unas fotos. Por si a alguno le suena, es el canal al que iba Amélie a hacer ranitas. En ese momento me sentí como Amélie: sola en la gran ciudad, sin nadie con quien contar y hablar. En todo el día no he hablado con nadie porque tampoco conozco a más gente Total, que ha sido una jornada un poco deprimente, la verdad, así que he venido a casa a ponerme unas películas para animarme y a cuidarme este catarro.

Y es una pena, porque estos días está haciendo un tiempo precioso en París...


Canal Saint Martin



Cartel de la pelicula

1 comentarios:

Miriam dijo...

Yo creo que tanta enfermedad no puede ser otra cosa que la somatización de ciertos cambios internos...

Cuando yo era pequeña, siempre me ponia enferma para dar el estiron.

Tu ya no eres pequeña, pero estas dando el estiron interior, estas creciendo mucho con la experiencia parisina. Solo hay que seguir tu blog para darse cuenta!